Temblaba. Temblaba de frío o quizás de miedo. Miedo a que volviera más pronto de lo habitual. Sus lágrimas acompañaban aquel temblor que no paraba y que, por desgracia, se estaba haciendo habitual en ella. Naiara se abrazó todo lo que pudo a sus propias piernas, intentando darse el calor que nunca recibió por parte de él. El silencio inundaba la habitación. La ventana estaba abierta y por ella se colaba el frío de una mañana de Enero. La cama estaba desecha. La ropa, tirada por el suelo. Y ella... ella estaba acurrucada en una esquina de la habitación. Tenía un aspecto lamentable. Siempre tenía los ojos rojos de tanto llorar. Hacía tiempo que no se maquillaba, porque el rimmel se le corría con cada lágrima que, silenciosa, recorría su mejilla. Ya no se esforzaba en tapar las marcas que él le dejaba. No bajaba a la calle, porque no quería que la gente la mirara con pena. La Naiara fuerte y segura que era antes, había desaparecido para dejar paso a una Naiara nerviosa, intranquila y permanentemente triste. El miedo calaba sus huesos a cada instante. Se oyeron unos pasos. Naiara se abrazó con mucha más fuerza contra sí misma y el temblor aumentó. Se oyó un portazo y el causante de todo apareció por la puerta. Una sonrisa apareció en su cara al verla tan desprotegida, tan frágil. Y la misma rutina de siempre comenzó otra vez. Sin saber que ésta, sería la última.
2 comentarios:
Pobrecita. Si quiere puede venir al mundo dónde habita Anik, así le da un apretón y le hace sonreír a carcajadas.
Escribí también un texto sobre eso hace poco. Es realmente triste, cruel y duro.
Naira desprende pena y hace que quiera abrazarla, espero que se libre de todas sus cadenas pronto (L)
besito(L)
Publicar un comentario